Cuando viajas sin billete de vuelta y sin un plan fijo todo puede suceder, incluso volver a lugares ya visitados para recorrer nuevos rincones o para compartirlos con personas muy queridas. Eso es lo que me pasó a mí después de seis meses de vidaje, regresé a Vietnam para encontrarme con mis padres y celebrar juntos mi 48 cumpleaños y su 50 aniversario de boda, una ocasión bien especial. Pero antes de su llegada tenía diez días que quise aprovechar para volver a mi querido Laos, recorrer las montañas del este y reencontrarme con el Mekong y con mi amiga Dam en Muang Ngoy.
Así que, desde Malasia volé a Hanoi, donde pasé un par de días aprovechando para ver el famoso espectáculo de marionetas de agua y el mausoleo del “tío Ho”. También volví a la embajada de Laos para tramitar un nuevo visado. Un trayecto de casi 24 horas en diferentes buses por lugares ya conocidos me llevó a Luang Namtha, al este del país, donde me enrolé en un trekking de 3 días por la reserva natural de Nam Ha junto a dos viajeros más (uno español y otro israelí) y un guía bien particular con los que recorrimos bosques, selva, comunidades rurales y varios ríos, durmiendo en casas de familias locales y en plena naturaleza en una choza construida con nuestras propias manos con bambú y hojas de plátano.
La estación de bus de Luang Namtha fue el escenario de un encuentro mágico con un viajero holandés con el que compartimos una hora de conversación bien interesante. Me compartió el libro ilustrado que había hecho y me llegó directo al corazón. El tiempo pareció detenerse para mí durante esa hora, y solo la voz del conductor de mi autobús gritando mi nombre me devolvió a la realidad. Yo me dirigía al sur, él al norte. Nos abrazamos, nos dijimos un premonitorio hasta pronto y cada uno subió a su autobús.
Mi siguiente destino, el pueblito de Houayxay, en la frontera entre Laos y Tailandia, sería el escenario de mi reencuentro con el Mekong y el punto de partida de una aventura de 2 días navegando a bordo del Slow Boat, una barcaza de madera que recorre el Mekong rumbo a Luang Prabang con parada en Pakbeng. Disfruté de la lentitud de aquel barco, observando la vida de las personas que viven cerca del río, sintiendo el aire en la cara y escuchando mi playlist preferida en mis auriculares. Esto si es Slow Travel! Y la travesía me trajo a una nueva compañera de aventuras por unos días, Sara, una artesana italiana afincada en Las Canarias con quien conecté enseguida y decidimos ir juntas a Nong Khiaw y a Muang Ngoy, donde me reencontré con Dam y con alguien más… te lo cuento en el próximo post!





