Namaste Nepal

Un vuelo de Hanoi a Katmandú con pequeña escala en China me llevó a las faldas del Himalaya siguiendo a mi corazón. Nepal siempre estuvo en el plan de viaje por Asia, no sabía cuándo ni cómo, pero sí sabía que en algún momento me acercaría a ver este mítico país  para los que disfrutamos y conectamos con las montañas. Llegué de noche a Thamel, el barrio más mochilero de Katmandú, en un pequeño taxi compartido con una chica que regresaba después de un tiempo y que me facilitó mucho los primeros pasos allí. Tenía un par de días para callejear, tomarle el pulso a la ciudad y preparar un poco la ruta, antes de que llegara de nuevo mi gran amiga Anna a compartir 15 días de sus vacaciones conmigo. Estando en Katmandú, me reencontré también con Elena, una chica española que conocí en Laos y que estaba realizando un voluntariado, y con ella probé mis primeros momos y mi primera cerveza Yeti y compartimos una cena llena de conversaciones profundas.

Anna aterrizó después de sobrevolar durante una hora el aeropuerto, y después de cuatro meses, nos fundimos en un gran abrazo y nos emocionamos mucho al volver a estar juntas de nuevo y con un mismo sueño: pisar las montañas del Himalaya. La bulliciosa Katmandú fue nuestra primera parada y nos sorprendió con un gran evento, el cambio de año, así que después de recorrer el corazón medieval de la ciudad, por sus calles, su plaza Durbar y su maraña de patios y templos, subir hasta Swayambhunath o «templo de los monos» y circunvalar su estupa, acabamos el primer día celebrando el fin de 2080 en el Tom&Jerry, un pub musical de Thamel, bailando junto a los nepalíes y otros tantos occidentales. ¡Mi tercer fin de año en el vidaje y el primero en un tiempo futuro! ¡Un poco loco! 

Seguimos la ruta en autobús, ya en 2081, por el valle de Katmandú hacia el sur, a Bhaktapur, la ciudad medieval mejor conservada de Nepal y un buen lugar para conocer la cultura Newar. Nos alojamos en la preciosa pensión Kumari en pleno centro y vivimos una de las tradiciones más auténticas y increíbles que jamás he visto para celebrar la llegada del nuevo año, el Bisket Jatra. La celebración incluye la caída de un gran poste de 25 metros que da comienzo oficial al nuevo año y la procesión de enormes carrozas de madera que decenas de devotos arrastran con cuerdas ante el fervor de la muchedumbre que allí se congrega. Y entre tanta gente, ahí estábamos nosotras, junto a Elena y otra compañera española del voluntariado que conocimos ese mismo día, Rose, con la que enseguida conectamos, dejándonos llevar por la locura y el caos de esa celebración.

Bhaktapur nos enamoró por su tranquilidad, su belleza medieval y su ambiente intemporal. Como cuna de grandes alfareros que es, no pudimos dejar de probar ese arte milenario que es la cerámica en uno de sus talleres, acabando embadurnadas de arcilla, sintiendo su textura en las manos y haciendo girar el torno para crear pequeñas piezas con más ayuda de la necesaria…  También nos acercamos a sus alrededores, subiendo a Changu Narayana, el templo hinduísta más antiguo del valle y al encantador pueblito de Panauti, donde dos niñas bien extrovertidas se unieron a nuestro paseo, compartiendo un ratito de juego y un helado! Y el paseo nos llevó a pasar por delante de una escuelita waldorf donde fuimos  invitadas por las maestras a entrar  y charlar sobre educación y viajes, para acabar el día en un pequeño restaurante comiendo daal bhaat, el famoso plato energético del Himalaya.

La siguiente parada en la ruta nos esperaba a diez horas de autobús por las carreteras de Nepal, que están en construcción y llenas de polvo, baches y curvas, toda una aventura compartida con los locales con paciencia y podcasts! Pokhara y su lago nos recibieron a la puesta de sol después de un cambio de alojamiento de última hora a uno más céntrico y con colchones! Pokhara, la segunda ciudad de Nepal, es famosa por ser la base de muchos de los trekkings que se organizan por la zona y por las vistas de las montañas reflejadas en el lago Phewa… ¿lo has visto? ¡Nosotras tampoco! La época en la que visitamos Nepal no es de las que hay mejor visibilidad, así que ver el Himalaya desde ahí no fue fácil. Por el tiempo que teníamos decidimos hacer un trekking de 3 días hasta Panchase, el “trekking de la coca cola” le llaman (por su facilidad). Para nosotras era perfecto. Caminar por la montaña, ver aldeas tradicionales y conocer la vida local. Antes del trekking, subimos a pie a la famosa y blanca World Peace Pagoda, disfrutando de sus vistas y del silencio e hicimos la vuelta a Pokhara en barca por el lago. A la mañana siguiente, de madrugada, la pagoda y los perros que allí duermen, nos verían iniciar nuestra preciosa ruta a pie de tres días…

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