El año que me había visto partir hacia el este hacía casi cuatro meses ya estaba llegando a su fin y las «vacaciones de navidad» me atraparon en la cultural ciudad de Yogyakarta, más parecida a Marrakech que a Belén! A casi treinta grados y rodeada de mezquitas y palacios de sultanes, sentía que mi navidad en Java se había transformado en una «javidad». Como es costumbre reunirse con la familia para celebrar, mi familia catalana viajera y yo acordamos encontrarnos en un restaurante de cocina mediterránea en pleno centro de Yogya justo el dia de «Sant Esteve» fecha importante en nuestra tierra y donde casi lloramos al ver un plato de olivas! Fue otro de nuestros reencuentros en el viaje, para compartir vivencias y sentirnos más cerca de casa, con una sintonía que hacía que fuera muy fácil todo y que la conversación fluyera hacia temas bien profundos, sin duda el mejor regalo de navidad!
Y desde esa ciudad abarrotada de familias locales en plenas vacaciones que llegó a agobiarme un poco puse rumbo a dos de los sitios arqueológicos más importantes de la isla, a los cuales llegaría tras un corto viaje en autobús local. El primero, Prambanan, el complejo de templos hinduístas más grande del mundo, que recorrí a pie dejándome sentir en cada uno y contemplando todos los detalles de aquellas piedras con miles de años en las que revoloteaban mil mariposas amarillas como hadas danzando alrededor de las divinidades hindús petrificadas, dándoles un aspecto mágico.
Y de un templo hindú a uno budista… Borobudur, el templo budista más grande del mundo, el que, a vista de águila, representa un gran mandala, y a vista de a pie te lleva a ir ascendiendo poco a poco hacia la gran estupa central entre cientos de budas mirando al horizonte, algunos de ellos escondidos dentro de pequeñas estupas… un lugar con mucha paz en el que te quedarías a meditar largo rato sino fuera por el tiempo limitado de la visita guiada que es más exprés de lo que antaño fue cuando podías ver salir y ponerse el sol y pasear por el templo a tu manera…
En el pueblo de Borobudur despedí el 2023 regalándome una buena cena en un buen restaurante y un ritual de agradecimiento por todo lo que estaba viviendo. Un par de días allí y una bici para recorrer los alrededores era todo lo que necesitaba para recibir el nuevo año y recordar que los sueños se cumplen cuando crees en ellos y los alimentas con el poder de tu intención y con la fe de tu corazón.





